sábado, 20 de septiembre de 2008

argumento de: la iliada y la odisea

Argumento de la iliada
Primeros versos de la Ilíada
Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves cumplíase la voluntad de Zeus desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles
El poema narra la cólera de Aquiles, hijo del rey Peleo y de la nereida Tetis, su causa, su larga duración, sus consecuencias, y su posterior cambio de actitud. La ira del Pelida Aquiles termina junto con el poema, cuando se reconcilia con Príamo, padre de su enemigo Héctor, momento en que se celebran los funerales de éste.

Tetis, tras la cólera de Aquiles, suplica a Zeus para que éste permita que los troyanos adquieran ventaja. Jean Auguste Dominique Ingres
Canto I: La peste y la cólera
Tras nueve años de guerra entre aqueos y troyanos, una peste se desata sobre el campamento aqueo. El adivino Calcante, consultado sobre ello, vaticina que la peste no cesará hasta que Criseida, esclava de Agamenón, sea devuelta a su padre Crises. La cólera de Aquiles se origina por la afrenta que le inflige Agamenón , puesto que tras ceder a Criseida, arrebata a Aquiles su parte del botín, la joven sacerdotisa Briseida. Al haberse quedado sin la hermosa mujer, la misma que le había otorgado la comunidad en su conjunto, Aquiles se retira de la batalla, y asegura que sólo volverá a ella cuando el fuego troyano alcance sus propias naves. Zeus respalda la decisión de Aquiles, el gran guerrero Mirmidón , a través de la petición de su madre Tetis.
Canto II: El sueño de Agamenón y la Beocia
Agamenón, para probar a sus tropas, propone a los aqueos regresar a sus hogares, pero la propuesta es rechazada. A continuación se enumera el Catálogo de naves del contingente aqueo y de las fuerzas troyanas.
Canto III: Los juramentos y Helena en la muralla
El jefe de las tropas troyanas, Héctor, increpa a su hermano Paris por esconderse ante la presencia de Menelao. Ante ello, Paris decide desafiar a Menelao en combate singular. Helena, el rey Príamo y otros nobles troyanos observan la batalla desde la muralla, donde Helena presenta a algunos de los jefes aqueos. La batalla se detiene para la celebración del duelo singular , con la promesa de que el vencedor se quedaría con Helena y sus tesoros. Menelao está a punto de matar a Paris pero éste es salvado por Afrodita, y es enviado junto a Helena.
Canto IV: Violación de los juramentos y revista de las tropas
Tras una pequeña asamblea de los dioses, éstos deciden que se reanuden las hostilidades, por lo que Atenea, disfrazada, incita a Pándaro para que rompa la tregua lanzando una flecha que hiere a Menelao y tras la arenga de Agamenón a sus tropas, se reanuda la batalla.
Canto V: Gesta de Diomedes
Entre los aqueos destaca en la batalla Diomedes, asistido por Atenea, que está a punto de matar a Eneas, y llega a herir a Afrodita. Mientras, Ares y Héctor comandan a las tropas troyanas y también destaca Sarpedón, caudillo de los licios, que mata entre otros al rey de Rodas, Tlepólemo. Luego Diomedes, amparado nuevamente por Atenea, hiere a Ares.
Canto VI: Héctor y Andrómaca
Ante el empuje de los aqueos, Héleno, también hijo de Príamo y adivino, insta a Héctor a que regrese a Troya para encargar a las mujeres troyanas que realicen ofrendas en el templo de Atenea. Mientras en la batalla Diomedes y el licio Glauco reconocen sus lazos de hospitalidad y se intercambian las armas amistosamente. Héctor, tras realizar el encargo de su hermano Héleno, va en busca de Paris para increparle para que regrese a la batalla y se despide de su esposa Andrómaca.
Canto VII: Combate singular de Héctor y Ayax
Tras debate entre Atenea y Apolo, interpretado por Héleno, Héctor desafía en duelo singular a cualquier aqueo destacado. Los principales jefes aqueos, arengados por Néstor, aceptan el desafío y tras echarlo a suertes, Áyax Telamonio es el elegido. El duelo singular tiene lugar pero la llegada de la noche pone fin a la lucha entre ambos y se intercambian regalos. Néstor insta a los aqueos a construir una muralla y una fosa que defienda su campamento. Los troyanos en asamblea debaten si deben entregar a Helena y su tesoro (postura defendida por Anténor), o sólo su tesoro (postura defendida por Paris). Príamo ordena que se traslade a los aqueos la propuesta de Paris. La propuesta es rotundamente rechazada, pero se acuerda una tregua para incinerar los cadáveres.
Canto VIII: Batalla interrumpida
Zeus ordena al resto de los dioses que se abstengan de intervenir en la contienda. Los troyanos, animados por Zeus, avanzan en la batalla y hacen retroceder a los aqueos. Por parte de los aqueos Teucro causa graves daños en las filas troyanas con sus flechas. Atenea y Hera tratan de ayudar a los aqueos pero Iris les envía la orden de Zeus de que no intervengan. Al llegar la noche los troyanos acampan cerca del campamento aqueo.
Canto IX: Embajada a Aquiles
Áyax Telamonio y Odiseo son enviados como embajada, por consejo de Néstor, donde dan a Aquiles disculpas por parte de Agamenón (ofreciéndole regalos, la devolución de Briseida y a cualquiera de sus hijas como esposa) y le suplican que regrese a la lucha, pero éste se niega a pesar del consejo de Fénix.
Canto X: Gesta de Dolón
Diomedes y Odiseo, nuevamente por consejo de Néstor, realizan una misión de espionaje nocturna , en la que matan al troyano Dolón, que igualmente había sido enviado en misión de espionaje por Héctor. Luego, con la información conseguida a través de Dolón, asesinan a soldados tracios y a su rey Reso mientras duermen y se llevan sus caballos.
Canto XI: Gesta de Agamenón
Amanece, se reanuda la batalla y los aqueos empiezan llevando la iniciativa. Destaca entre ellos Agamenón, hasta que resulta herido por Coón y debe retirarse. Entonces toman la iniciativa los troyanos. Los aqueos contraatacan pero Diomedes, Eurípilo y el médico Macaón son heridos por flechas de Paris. Mientras el troyano Soco muere a manos de Odiseo pero consigue herirle. Patroclo es enviado por Aquiles a la tienda de Néstor para enterarse de las noticias de la batalla.
Canto XII: Combate en la muralla
Los troyanos, siguiendo primero los consejos de Polidamante, atraviesan el foso previo al muro de los aqueos pero luego desoyen su consejo de no asaltar el muro. El licio Sarpedón abre una brecha en el muro que es atravesado por las tropas troyanas con Héctor a la cabeza, a pesar de la resistencia de Áyax y Teucro.
Canto XIII: Batalla junto a las naves
Poseidón acude a la batalla para animar a los aqueos a resistir las cargas de los troyanos. Entre los aqueos se destaca Idomeneo, rey de Creta. Héleno y Deífobo deben retirarse tras ser heridos por Menelao y Meríones. Pero Héctor prosigue en su avance hasta que se le opone Áyax.
Canto XIV: Engaño de Zeus
Hera concibe un plan para engañar a Zeus y con ayuda del cinturón de Afrodita seduce a Zeus y con la de Hipnos lo hace dormirse. Después encarga a Poseidón que intervenga en favor de los aqueos. Áyax Telamonio hiere de gravedad a Héctor, que es retirado del combate por sus compañeros. A pesar de la resistencia de Polidamante y su hermano Acamante, los aqueos toman una breve iniciativa en la batalla.
Canto XV: Nueva ofensiva desde las naves
Zeus descubre el engaño del que ha sido objeto y ordena a Poseidón a través de Iris que deje de ayudar a los aqueos. Luego insta a Apolo a que infunda nuevas fuerzas a los troyanos. Ares tiene el propósito de ir a combatir al lado de los aqueos para vengar la muerte de su hijo Ascálafo pero Atenea le advierte de que será objeto de la ira de Zeus. Héctor recobra las fuerzas y los troyanos llegan combatiendo hasta las naves de los aqueos. Incluso Áyax Telamonio tiene que retroceder .
Canto XVI: Gesta de Patroclo
Héctor logra prender fuego a una de las naves de los aqueos. Patroclo pide permiso a Aquiles para tomar sus armas y repeler el ataque y al mando de los Mirmidones, hace huir a los troyanos, que creen que en realidad se trata de Aquiles. Mata entre otros a Sarpedón, rey de Licia e hijo de Zeus. Pero Apolo acude en ayuda de los troyanos y golpea a Patroclo, que después es herido por Euforbo y rematado por Héctor.
Canto XVII: Gesta de Menelao
Menelao consigue matar a Euforbo y defiende el cuerpo sin vida de Patroclo, en torno al cual se entabla un duro combate. Los troyanos lo hacen retroceder y Héctor despoja a Patroclo de sus armas. Después acuden refuerzos aqueos al combate y consiguen llevar su cuerpo a las naves.
Canto XVIII: Fabricación de armas
Antíloco da a Aquiles la noticia de la muerte de su amigo Patroclo, y éste decide volver a la lucha para vengarse de la muerte de su amigo. Cae la noche y los troyanos se reúnen. Polidamante es partidario de ir a Troya a refugiarse tras sus muros pero prevalece la opinión de Héctor de seguir peleando en campo abierto. La nereida Tetis consigue que Hefesto fabrique armas nuevas para su hijo Aquiles.
Canto XIX: Aquiles depone la ira
Aquiles se reconcilia con Agamenón. Éste le devuelve a Briseida junto con varios regalos.
Canto XX: Combate de los dioses
Zeus da permiso al resto de los dioses para que intervengan en la batalla y ayuden a quien prefieran. Aquiles inicia un furioso ataque en el cual lucha con Eneas, el cual finalmente es salvado por Poseidón. Mata a Polidoro, hijo de Príamo y se le enfrenta Héctor, pero Atenea ayuda a Aquiles y Apolo aleja a Héctor del combate.
Canto XXI: Batalla junto al rio
Aquiles mata, entre otros, a Licaón, hijo de Príamo y a Asteropeo, que consigue herirlo levemente. El dios-río Escamandro lo rodea con sus aguas y está a punto de ahogarlo, pero Hefesto acude en su ayuda. El resto de los dioses pelean entre ellos, unos a favor de los aqueos y otros al de los troyanos. El rey Príamo ordena abrir las puertas de Troya para que sus tropas se refugien tras sus muros. Apolo consigue, mediante un ardid, alejar momentáneamente a Aquiles de los muros de Troya.
Canto XXII: Muerte de Héctor


Muerte de Héctor por Aquiles. Peter Paul Rubens. Museo Boymans von Beuningen. Rotterdam
Las fuerzas troyanas se refugian en la ciudad pero Héctor queda fuera, con ánimo de pelear contra Aquiles. Pero una vez frente a frente, Héctor huye y es perseguido por Aquiles. Atenea engaña a Héctor haciéndole creer que tiene en su ayuda a su hermano Deífobo y Héctor se enfrenta por fin cara a cara a Aquiles, quien lo mata , ata su cadáver a su carro de combate y subido en él da vueltas alrededor de la ciudad.
Canto XXIII: Juegos en honor de Patroclo
Se celebran los Juegos funerarios en honor de Patroclo con las siguientes pruebas: carrera de carros, pugilato, lucha, carrera, combate, lanzamiento de peso, tiro con arco y lanzamiento de jabalina.
Canto XXIV: Rescate de Héctor
Príamo se dirige, guiado por Hermes, al campamento griego para suplicar a Aquiles la devolución del cuerpo de Héctor. Aquiles es convencido y se celebran los funerales por Héctor.
ARGUMENTO DE LA ODISEA aparece por primera vez el paisaje como elemento vivo, y debe reconocerse que Homero tiene de él verdadera intuición, ya que frente al calor del hogar, ante las evocaciones del héroe, se esparce el horizonte de encanto del mundo lejano en que se desarrollan las aventuras que tan admirablemente narra. En sus interesantes relatos de viajes, las plácidas descripciones de interiores antiguos y los numerosos episodios enlazados hábilmente al asunto principal, le dan más variedad que a la Ilíada y compensan con facilidad al lector de algunos momentos de pesadez que hicieron decir a Horacio que Homero, a veces, también dormitaba. Los primeros cuatro libros de la Odisea pueden ser considerados como un todo que sirve de introducción al poema, habiendo recibido, a veces, el título colectivo de Telemaquía. por ser el héroe el joven Telémaco, hijo de Odiseo (Ulises), tipo que constituye un verdadero hallazgo. La Odisea es el poema de los viajes, de la vida doméstica y del predominio de la astucia sobre la fuerza; en él se describe la vida de los grandes, de sus sirvientes, pastores, porquerizos, sus muebles, trabajos, animales. Desde su partida de Troya hasta su llegada a Itaca, es importantísimo destacar que, si bien la peregrinación de Odiseo dura diez años, la narración abarca el período de cuarenta y un días, los anteriores al hecho de reunirse el héroe con su esposa después de una separación de veinte años. Cuando los griegos se hicieron a la vela en la costa del Asia Menor, a fin de volver a su hermoso país, ninguno de los príncipes estaba más ansioso por llegar a su patria que el sabio y valiente Ulises. Pero a pesar de todos los esfuerzos de sus marinos, unos vientos adversos llevaron sus naves lejos de las islas de Grecia. En el hogar, su esposa Penélope y su hijo Telémaco aguardaban su vuelta, pero aún hubieron de esperar durante diez años después de la guerra de Troya, y en este tiempo nuestro héroe tuvo veinte aventuras. Aquí mencionaremos sólo unas cuantas. En vez de ser llevados hasta Grecia, los barcos de Ulises fueron empujados a lo largo de la costa del Asia Menor, y, acosados por el hambre, él y sus hombres no tuvieron al fin más recurso que desembarcar y atacar a los habitantes de una pequeña ciudad, quienes huyeron despavoridos. Los griegos satisficieron entonces larga mente el hambre y la sed que los devoraba. Mientras tanto los habitantes regresaron y los acometieton, matando a más de la mitad de los marinos que habían desembarcado. Los restantes pudieron difícilmente volver a sus barcos. Ulises y aquellos de sus hombtes que pudieron escapar, desembarcaron en la isla que en la actualidad se llama Sicilia, y vagaron por ella hasta ojo, llamados cíclopes. Seres semejantes sobreviven aún por la fantasía. Por la noche, mientras Ulises y su gente esperaban en la cueva, entró en ella el gigante conduciendo delante de sí un rebaño de carneros gigantescos y obstruyó luego la entrada por medio de una piedra que no habrían podido mover veinte hombres juntos. Ulises se adelantó hacia él, y ofreciéndole un odre de vino -pues Odiseo, también llamado Ulises, habla atado a sus hombres uno debajo de cada carnero, de manera que, cuando aquellos animales pasaron por la puerta de la caverna, junto a In cual estaba sentado Polifemo, llevaban consigo a todos los griegos que así pudieron escapar, gracias a la notable astucia del jefe, considerado como el hombre más fecundo en ardides. llegar a una gran cueva. En esta cueva hallaron enormes jarros de leche y otras señales de que estaba habitada. Era en efecto, la vivienda de uno de aquellos fabulosos gigantes que, como los dioses y diosas de las antiguas leyendas, existían sólo en la imaginación del pueblo de aquella época. El gigante se llamaba Polifemo y hubiera sido difícil imaginar nada más feo y cruel. Tenía un solo ojo, colocado en medio de la frente. Era el jefe de una raza de gigantes de un solo en aquel entonces en vez de botellas se usaban pellejos - pidió gracia para él y sus compañeros. El gigante bebió el vino, saboreándolo. Prometió una dádiva a Ulises por su regalo; pero, como procediera inmediatamente a comerse a dos de los griegos, apareció bien claro que no podía esperarse piedad de aquel monstruo. Polifemo preguntó luego a Ulises cómo se llamaba; pero el príncipe era demasiado inteligente para darse a conocer y respondió: «Mi nombre es "Nadie"; mi padre, mi madre y todos mis compañeros me llaman lo mismo». A lo cual replicó el gigante: «¿Quieres saber cuál será mi dádiva? Bueno; "Nadie", serás el último que comeré de todos tus compañeros; los demás te precederán: este será mi regalo de hospitalidad». Transcurrieron seis días de terror, y el gigante cada noche disminuía en dos a los compañeros de Ulises, antes de que este sabio príncipe encontrara un medio de fuga. Durante la séptima noche, mientras Polifemo dormía tendido en el suelo, Ulises asió una enorme estaca de madera y, ayudado por sus hombres, la introdujo en el ojo del gigante, cuyos quejidos de dolor despertaron a otros de los fabulosos habitantes de la isla, pero éstos no pudieron entrar en la cueva, gracias a la piedra que obstruía la entrada. Entonces, desde fuera, llamaron a su jefe, preguntándole qué le sucedía, a lo que respondió: «Amigos, "Nadie" me mata, no con violencia sino con astucia». A lo cual replicaron los demás: «Puesto que nadie te hace violencia, solo como te hallas, no es posible que te libres de la enfermedad que el gran Zeuz te envia». .,.Dicho lo cual se marcharon, abandonándolo. Pero todos los griegos juntos eran incapaces de mover la piedra, y tuvieron que esperar hasta el amanecer, en que el gigante, aunque ciego, apartó a un lado la piedra a fin de dejar salir a su rebaño de carneros enormes. Él mismo se sentó en la entrada para impedir que pudieran escaparse los griegos. Pero Ulises había sido lo bastante perspicaz para preverlo, y había atado a cada uno de sus hombres debajo de cada uno de los carneros de manera que, cuando aquellos animales pasaron por la puerta llevaban consigo a todos los griegos. Ulises y su gente escaparon hacia sus barcos, y así termina la tercera de sus sorprendentes aventuras. Más curiosa es todavía la que les sobrevino cuando arribaron a la isla de la hechicera Circe, quien les ofrece un licor que los transforma en bestias. El prudente Ulises fue el único que, aunque aparentó beberlo, no lo hizo, de lo cual quedó admirada Circe, y, prendada de su talento, devolvió a los compañeros del héroe a su prístina condición de hombres. Varias de las aventuras de Ulises son muy significativas, y están llenas de enseñanzas para nosotros, si procuramos aprovecharlas. Una de las más interesantes es la de las sirenas, bellos monstruos que se situaban a lo largo de la costa y cantaban tan dulcemente que los marinos sentían la tentación de dirigirse a tierra. Las sirenas no eran sino verdaderas furias, que mataban a cuantos desembarcaban y desparramaban sus huesos por la playa. Aquí la prudencia de Ulises salvó de nuevo a su gente. Tapa con cera los oídos de sus marinos, de manera que no puedan oír el canto de las sirenas, y pasan por aquel sitio sanos y salvos. La aventura siguiente consiste en el paso de las naves por entre un escollo llamado Escila, y un terrible torbellino llamado Caribdis; Ulises consigue pasar con éxito. Pero vayamos al final de estas extraordinarias aventuras, y veremos a Ulises desembarcando felizmente en la costa de Itaca, la isla griega de la cual era rey. Veinte años habían transcurrido desde que abandonó el país para tomar parte en la gran guerra contra los troyanos; y durante todo este tiempo, Penélope, que se había hecho célebre por su bondad, su belleza y su sabiduría, estuvo aguardando pacientemente su regreso. Varios pretendientes habían deseado casarse con ella y habían ido al palacio diciendo: "Ulises ha muerto, de lo contrario ya habría vuelto". Pero ella los rechazó a todos, diciéndoles que no se casaría de nuevo hasta que terminara un lienzo que estaba tejiendo; pero como cada noche deshacía lo que había tejido durante el día, el lienzo nunca estuvo terminado. Conducta ésta reconocida por su gran fidelidad, Disfrazado de mendigo, a sugestión de Atenea su protectora, se presenta Ulises a su fiel porquerizo Eumeo, quien, sin reconocerlo, le brinda hospitalidad. En la choza de este viejo servidor se encuentra con su hijo Telémaco a quien se da a conocer para coordinar la acción posterior. Telémaco regresa al palacio para dar esperanzas a su madre, en tanto que Ulises recorre su ciudad sin ser reconocido hasta llegar al umbral del palacio donde su viejo y fiel perro Argos, después de saludarlo meneando la cola, muere de emoción. El rey de Ítaca vestido de mendigo llega, pues, a la puerta de su casa a implorar limosna a los pretendientes que, sentados a su mesa, comían su pan, bebían su vino y pretendían a su esposa. Allí Ulises es golpeado por uno de ellos, y debe vencer en lucha a otro mendigo que, receloso del recién llegado, lo desafía. Al otro día, Ulises es reconocido por su vieja nodriza y recibe las confidencias de Penélope, quien le confía sus penas y temores, apurada por los pretendientes, que desean desposarla. El falso mendigo la consuela adelantándole que su esposo no tardará en regresar. Al día siguiente se tealiza la prueba del arco, en la que fracasan todos los participantes excepto el supuesto mendigo, es decir Ulises, el cual, ayudado por su hijo Telémaco, da muerte a todos los pretendientes y, reconocido por su esposa, vuelve a ocupar su lugar en el hogar y en el país después de veinte años de múltiples y muy variadas peripecias.

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